Totalmente conectados… ¿o no?

Hola,
Vivimos en un mundo de wifi, Bluetooth, Instagram, páginas web y dispositivos sin cables.
Podemos saber qué está haciendo en este preciso momento una persona que vive a cientos de kilómetros.
Incluso qué ha desayunado, si ha decidido compartirlo. 😅
Estamos totalmente conectados…
¿O no?
Creo que a veces confundimos estar conectados con estar informados de lo que sucede en el mundo o en la vida de otras personas.
Pero, bajo mi mirada, la verdadera conexión es otra cosa.
El fin de semana pasado asistí a un encuentro en el que hubo emprendimiento, desarrollo personal, finanzas, inteligencia artificial, contacto con nuestra respiración y mucho humor.
Hubo un poco de todo.
Pero lo que más me llevé de aquellos dos días no apareció en ninguna diapositiva (aunque ahora creo que se llaman slides 😂).
Fue la conexión con las personas que formábamos parte de aquello.
Muchas no nos conocíamos. De hecho la mayoría.
Y, sin embargo, en algunos momentos sentí que estábamos conectadas a la misma wifi. 😅
Al final de una de las meditaciones nos invitaron a imaginar que ya éramos esa persona en la que deseamos convertirnos.
A actuar como ella.
A sentir lo que ella sentiría.
Durante unos minutos sentí libertad, ligereza, alegría e ilusión.
No estaba pensando en cuánto me faltaba para llegar hasta allí ni en todas las cosas que todavía tendría que resolver.
Por un momento, yo ya era aquella mujer.
Cuando terminó la meditación, abrimos los ojos y nos fundimos en abrazos con las personas que teníamos cerca.
Y fue increíble sentir no solo mi propia energía, sino también la de la persona a la que estaba abrazando.
Apenas nos conocíamos.
Pero en aquel momento eso daba igual.
No necesitábamos wifi, Bluetooth ni intercambiar ninguna contraseña.
La conexión funcionaba perfectamente. 😅
Me pasa algo curioso con todo esto.
Cuando paso un rato en silencio, viajo sola o disfruto de unos días de vacaciones, suelo decir:
“Necesitaba desconectar”.
Pero, en realidad, creo que no estoy desconectando.
Estoy haciendo justo lo contrario: conectar.
Conectar conmigo.
Con lo que siento.
Con lo que quiero.
Con esa parte de mí que, entre las prisas, las obligaciones y todo el ruido de cada día, a veces apenas consigo escuchar.
Y esa es la conexión que me permite cargar la batería sin necesidad de encontrar un cable tipo C.

Y con el tejido pasa algo muy parecido.
Cuando tejo una labor sencilla, mis manos pueden avanzar mientras escucho música o un pódcast.
Pero, cuando estoy haciendo algo que requiere toda mi atención, ocurre algo diferente.
Tengo que mirar el punto, contar, comprobar por dónde entra el ganchillo y concentrarme en el movimiento de mis manos.
Durante ese tiempo no existen los problemas.
Tampoco el pasado... ni el futuro.
Solo existe lo que estoy haciendo en ese instante.
Para mí, tejer es una forma de meditación.
Un mindfulness natural.
Los problemas no desaparecen por arte de magia. Siguen ahí cuando dejo el ganchillo.
Pero yo regreso a ellos un poco más tranquila, más presente y con la batería algo más cargada.
Por eso, quizá no necesitamos desconectar tanto como pensamos.
Quizá lo que necesitamos es elegir mejor a qué queremos conectarnos.
Tejer no me desconecta de mi vida. Me conecta con el momento en el que la estoy viviendo.
Y tú, ¿cuándo sientes que conectas de verdad contigo, con otras personas o con el presente?
Cuéntamelo. Me encantará leerte.
Un abrazo,
AliciaALI y punto · Tejiendo sueños
P. D. Si conoces a alguien que necesite desconectar del ruido para volver a conectar consigo, quizá puedas compartir esta carta con ella.
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