No todos los días tejemos (y vivimos) al mismo ritmo

Hola,
Hay días en los que me levanto y parece que alguien ha pulsado el botón de velocidad x2.
Hago la cama.
Pongo una lavadora.
Contesto varios mensajes.
Avanzo con el trabajo.
Y, antes de que termine la mañana, ya he hecho tantas cosas que hasta yo misma me miro con cierta admiración.
"Muy bien, Alicia. Hoy sí".
Pero hay otros días…
Otros días caliento el café, me pongo a hacer algo y, media hora después, descubro que el café sigue dentro del microondas.
Frío otra vez.
Por supuesto. 😅
Voy más despacio.
Me cuesta concentrarme.
Empiezo una tarea, recuerdo otra, voy a buscar algo y, cuando llego a la habitación, ya no sé muy bien qué hacía allí.
Entonces miro la lista que preparé la noche anterior.
Una lista escrita por una mujer optimista que, claramente, sobrevaloró las capacidades de la Alicia del futuro.
Y empiezo a sentir que voy tarde.
Que debería estar haciendo más.
Que ayer fui capaz de avanzar muchísimo y hoy no estoy aprovechando el tiempo.
Como si todos los días tuviera que rendir exactamente igual.

Con el tejido ocurre lo mismo.
Hay días en los que las manos encuentran enseguida su ritmo.
El hilo corre entre los dedos.
Los puntos salen casi solos.
Termino una vuelta y comienzo otra sin apenas darme cuenta.
Y hay días en los que el hilo se engancha.
El ganchillo no entra donde debería.
Pierdo la cuenta de los puntos tres veces.
Y tengo que comprobar si estoy tejiendo una manta o intentando resolver un problema matemático de especial dificultad.
Ese día avanzo menos.
Pero eso no significa que haya olvidado tejer.
Ni que sea menos constante.
Ni que mi labor haya dejado de crecer.
Simplemente, hoy mi ritmo es otro.
Una manta no se estropea porque un día teja diez vueltas y al siguiente solo media.
Cada punto se suma a los anteriores.
Incluso los días en los que no tejo también forman parte del proceso.
Porque mis manos necesitan descansar.
Mi cabeza puede estar ocupada con otras cosas.
Y mi energía no es una cantidad fija que se renueva cada noche como por arte de magia.
Hay preocupaciones.
Responsabilidades.
Noches en las que descanso peor.
Días en los que me encuentro más cansada. Más triste. Más desconectada de mí misma.
Y otros en los que siento que podría con todo… y tengo que pedir a mis amigas que tiren de la cuerda del globito para bajarme un poco a la realidad. 😅
Durante mucho tiempo he confundido avanzar con hacerlo deprisa.
Pero avanzar también puede ser reducir el paso.
Hacer una sola cosa.
Parar un momento.
O aceptar que hoy no voy a llegar hasta donde había imaginado.
Ir más despacio no siempre significa estar retrocediendo.
Descansar no significa abandonar.
Y tener un día menos productivo no borra todo lo que hice los días anteriores.
Quizá no necesito exigirme mantener siempre el mismo ritmo.
Quizá necesito aprender a escuchar cuál es el ritmo que puedo sostener hoy.
Sin compararlo con el de ayer.
Sin juzgarlo.
Y sin olvidar que una labor se construye con todos sus días: con aquellos en los que avanzo varias vueltas y con aquellos en los que apenas consigo dar un punto.
Quizá hoy puedas preguntarte:
¿Estoy respetando el ritmo que necesito hoy o exigiéndome el que fui capaz de mantener ayer?
Si te apetece compartir conmigo tu respuesta, puedes hacerlo en los comentarios de más abajo. Me encantará leerte.
Un abrazo,
Alicia
ALI y punto · Tejiendo sueños
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