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La tensión justa

16 ago
3 min de lectura

Ilustración de una mujer cargada de bolsas de la compra


Hola,


Tengo la extraña costumbre de querer llevar todas las bolsas de la compra en un solo viaje.


Da igual cuántas sean.


Me las reparto entre las dos manos, me cuelgo alguna del brazo y todavía intento encontrar las llaves sin dejar nada en el suelo.


No existe ningún premio por conseguirlo.


Lo sé.


Pero, en ese momento, parece que volver al coche a por una segunda tanda sería una derrota personal. 😅


Así que aprieto las asas con fuerza para que no se me escape ninguna bolsa.


Cuanto más temo que algo se caiga, más aprieto.


Cuando llego a casa, tengo las manos llenas de marcas, los dedos han perdido temporalmente la sensibilidad y, por supuesto, las llaves están en el lugar más inaccesible del bolso.


Todo bajo control.


Más o menos.


A veces hago algo parecido en la vida.


Cuando algo me importa mucho o me preocupa, intento sujetarlo con todas mis fuerzas.


Quiero tenerlo previsto.


Organizado.


Revisado.


Y, si es posible, asegurado por duplicado.


Me esfuerzo para que nada salga mal.


Para no decepcionar a nadie.


Para llegar a todo.


Para que no se me escape ni una sola bolsa de las manos.


Sin darme cuenta, empiezo a vivir en tensión.


Aprieto el cuerpo.


La agenda.


Mis pensamientos.


Y también me aprieto a mí misma.


A veces confundo cuidar algo con intentar controlarlo.


Confundo ser responsable con cargar con todo.


Y pienso que, cuanto más me esfuerce y más fuerte lo sujete, más segura estaré.


Pero no siempre funciona así.


Hay cosas que no están más seguras porque yo las apriete.


Solo consiguen pesarme más.



Ilustración de mujer sonriente y tranquila haciendo muestras de tejido, unas tensas, otras flojas y otras en equilibrio


Con el tejido ocurre exactamente lo mismo.


Para tejer necesito mantener cierta tensión en el hilo.


Si lo dejo demasiado flojo, los puntos pueden quedar desiguales y la labor pierde la forma.


Pero, si lo sujeto con demasiada fuerza, el ganchillo apenas entra en los puntos.


Las manos se cansan.


Los hombros se tensan.


Y cada nuevo punto parece exigir una pequeña negociación. 🧶


El hilo necesita estar sujeto.


Pero también necesita correr entre mis dedos.


Necesita un poco de libertad para poder transformarse.


La tensión adecuada no consiste en apretar todo lo posible.


Consiste en encontrar un equilibrio entre sostener y dejar avanzar.


Además, no existe una tensión perfecta que sirva para todas las personas y en cualquier momento.


Depende del hilo.


Del ganchillo.


Del punto que esté haciendo.


De mis manos.


Incluso de cómo me encuentre ese día.


Hay días en los que tejo más relajada.


Y otros en los que descubro que estoy sujetando el ganchillo como si intentara impedir que se fugara del país.


Entonces paro.


Muevo las manos.


Respiro.


Y aflojo un poco.


No abandono la labor.


No suelto el hilo por completo.


Simplemente dejo de apretarlo más de lo necesario.


Quizá en la vida también pueda hacer lo mismo.


No necesito renunciar a mis responsabilidades.


Ni dejar de cuidar lo que me importa.


Ni vivir sin planes, límites o compromisos.


Creo que también necesitamos cierta tensión para dar forma a nuestra vida.


Pero puedo preguntarme si estoy sosteniendo algo o estrangulándolo.


Si el esfuerzo que hago me ayuda a avanzar o me está dejando rígida.


Si estoy cuidando una situación o intentando controlar incluso aquello que no depende de mí.


A veces no necesito soltarlo todo.


Solo aflojar un poco.


Dejar un espacio para respirar.


Permitir que las cosas se muevan.


Y recordar que no todo se sostiene mejor cuanto más fuerte lo aprieto.


Quizá hoy puedas preguntarte:


¿Qué estoy sujetando con más fuerza de la que realmente necesita?


Puede ser una preocupación.


Una responsabilidad.


Un plan.


Una expectativa.


O incluso la exigencia que mantengo sobre mí misma.


Si te apetece compartir tu respuesta, puedes hacerlo en los comentarios de más abajo. Me encantará leerte.


Un abrazo,


Alicia

ALI y punto · Tejiendo sueños


P. D. Si estas palabras te han recordado a alguien que necesita aflojar un poquito sin sentir que está abandonando, puedes compartir esta carta con esa persona.


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