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La colcha que tardé tres años en terminar

26 jul
3 min de lectura

Hola,


La colcha que ves en la fotografía tardé tres años en terminarla.


Sí. Tres años.


Calculando el tiempo que dediqué a tejerla, fueron aproximadamente 400 horas.


Dicho así, dan ganas de guardar el ganchillo en su preciosa bolsa de proyectos y salir disimuladamente de la habitación.


Porque 400 horas son muchas horas.


Muchísimas. 😅



Colcha de crochet tejida a mano por Alicia durante tres años.
Esta es mi preciosa colcha

Pero, claro, yo no tejí la colcha durante 400 horas seguidas.


Me ponía un rato en la sobremesa, después de comer o de cenar. Los días que podía.


Algunas veces avanzaba bastante. Otras, apenas unas vueltas.


Y también hubo días (muchos) en los que no tejí nada.


Pero iba avanzando.


Poco a poco. 🧶


Hubo un momento en el que calculé cuánto podía tardar en terminarla. Me salían dos años. Quizá más.


Y reconozco que me planteé si merecía la pena continuar.


Todavía me quedaba muchísimo trabajo por delante. El final estaba tan lejos que casi ni se veía.


Pero seguí.


No porque de repente me pareciera fácil. Ni porque encontrara unas cuantas horas libres cada día. Eso habría sido estupendo, pero no ocurrió.


Seguí haciendo lo mismo que hasta entonces.


Me sentaba un rato. Cogía el ganchillo. Y tejía unos cuantos puntos.


Hasta que, tres años después, la terminé.


Ahora la miro extendida sobre mi cama y no pienso en los tres años.


Tampoco pienso en las 400 horas.


Pienso en lo espectacular que ha quedado. ✨


En que la he hecho yo, con mis propias manos. Y en lo orgullosa que me siento de haber continuado cuando todavía faltaba tantísimo para verla terminada.


Y esto me hace pensar en la facilidad que tengo (y sospecho que no soy la única) para agobiarme cuando quiero conseguir algo que necesita tiempo.


Decido que quiero cuidarme más.


Y mi cabeza empieza enseguida con su lista: “come mejor, haz deporte, bebe más agua, duerme ocho horas, medita, camina todos los días…”


Vamos, que una quiere cuidarse un poco y parece que tiene que convertirse en otra persona antes del lunes.


También me pasa cuando quiero aprender algo nuevo, poner en marcha un proyecto, escribir o cambiar un hábito.


Miro todo lo que tendría que hacer. Todo lo que me queda por aprender. Todo el tiempo que voy a necesitar…


Y pienso:


“No voy a poder”.


Pero quizá el problema no sea que no pueda.


Quizá el problema sea que estoy intentando completar las 400 horas de una sola vez.


La colcha me enseñó que no necesito disponer hoy de todo el tiempo que requerirá un proyecto.


Solo necesito encontrar un pequeño rato para hacer la parte que corresponde ahora.


No tengo que imaginar que, a partir de mañana, voy a comer perfectamente durante el resto de mi vida, sin excepciones.


Puedo elegir un poco mejor mi próxima comida.


No tengo que empezar haciendo deporte siete días a la semana.


Puedo moverme diez minutos hoy.


No tengo que tener terminado un proyecto que acabo de empezar.


Puedo ocuparme de la siguiente pequeña tarea.


Creo que a veces despreciamos esos avances porque todavía no se parecen al resultado que queremos alcanzar.


Unas cuantas vueltas no parecían una colcha.


Pero formaban parte de ella.


Cada uno de aquellos ratitos en la sobremesa parecía poca cosa. Sin embargo, todos juntos construyeron algo que hoy me parece precioso.


Por eso, si tienes delante un objetivo que te parece enorme, quizá no necesites pensar ahora en cuánto tardarás en conseguirlo.


Puedes hacerte una pregunta mucho más sencilla:


¿Qué pequeña parte puedo hacer hoy? 🌱


Solo una.


La que toca ahora.


Mañana llegará la siguiente.


Porque una colcha se construye punto a punto.


Y muchas de las cosas importantes de nuestra vida, también.


Si te apetece, cuéntame en los comentarios cuál es ese pequeño paso que quieres dar. Me encantará leerte.


Un abrazo, 💙


Alicia

ALI y punto · Tejiendo sueños


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