Hoy he tenido una cita

Hola,
Hoy quiero contarte algo muy bonito.
He quedado con alguien.
Con una persona que he conocido hace poco.
Y quizá te estés preguntando:
"¿Una cita?"
Pues sí.
Aunque no ha sido una cita romántica.
Esa ya llegará y, cuando ocurra, también te la contaré.
Confío en que ese hombre que debe de estar buscándome por ahí consiga actualizar pronto el GPS. 😅
La de hoy ha sido otro tipo de cita.
Una cita del alma.
Y ha tenido mucho que ver con estas cartas que te envío cada domingo.
Cuando empecé a escribirlas, solo quería expresar lo que sentía y entrelazarlo con el tejido.
Porque muchas veces creemos que somos las únicas personas que atravesamos determinadas situaciones.
Y descubrir que alguien ha sentido lo mismo nos hace sentir menos solas.
Más acompañadas.
Más parte de algo.
Hace unas semanas, una lectora respondió a una de estas cartas.
Recibo mensajes que me llenan muchísimo, pero aquel me tocó especialmente el corazón.
Me habló de la conexión que había sentido al leerla y de cuánto se había identificado con aquella situación.
Y saber que mis palabras habían podido acompañar así a una persona, aunque solo fuera a una, me hizo recordar por qué hago todo esto.
Respondí a su mensaje.
Seguimos hablando.
Y esta tarde, por fin, nos hemos conocido.
Allí estábamos.
Dos perfectas desconocidas sentadas en una preciosa tetería, charlando sobre hilos, muestras, patchwork, proyectos y la vida en general.
Y me ha sorprendido lo cómoda que puedes llegar a sentirte con alguien a quien nunca habías visto.
Cuando hablamos de crear redes o comunidades, parece que estemos hablando de algo enorme.
Como si hicieran falta muchas personas, un nombre oficial y, como mínimo, un grupo de WhatsApp. 😅
Pero esta tarde he comprendido algo:
Las comunidades no siempre empiezan con un grupo. A veces empiezan con dos personas que deciden encontrarse.
Dos personas que se reconocen en algo.
Que comparten una inquietud.
Que se atreven a responder un mensaje y a recoger el extremo del hilo que alguien lanzó.

Y con el tejido pasa algo muy parecido.
Muchas veces empezamos a tejer a solas.
Un ganchillo, un ovillo y nuestras dos manos tratando de entender qué demonios significa eso de "cierra la vuelta con un punto deslizado". 😅
Pero, poco a poco, aparecen otras personas.
Maestras maravillosas que nos enseñan un punto y comparten todo lo que saben.
Quienes diseñan patrones.
Una compañera que nos ayuda a encontrar el error que llevamos media tarde buscando.
Un grupo en el que podemos preguntar, aprender, enseñar y celebrar las creaciones de las demás.
Incluso cuando tejemos solas en el sofá, nuestras manos guardan todo lo que otras manos nos han enseñado.
En el ganchillo, cada punto nace del anterior y deja preparado el lugar para el siguiente.
Quizá las comunidades se construyen de una manera parecida.
Cada persona aporta algo.
Una idea.
Un conocimiento.
Una palabra de ánimo.
Una conversación junto a una taza de té.
Y, casi sin darnos cuenta, aquello que parecía un hilo suelto empieza a convertirse en una red.
Creo que pertenecer no consiste solo en formar parte de un grupo.
También es encontrar lugares y personas junto a las que sentimos que podemos ser nosotras mismas.
Sin demostrar nada.
Sin competir.
Con la tranquilidad de saber que hay un espacio para nosotras.
Así que hoy me siento profundamente agradecida.
Por aquel mensaje.
Por el bonito encuentro de esta tarde.
Y por todas las personas que estáis al otro lado de estas cartas y que, cada domingo, recogéis durante unos minutos uno de los hilos que envío.
Gracias.
Yo pensaba que estaba escribiendo una newsletter.
Pero quizá, punto a punto, estamos empezando a tejer algo mucho más bonito.
Una comunidad.
Y tú, ¿qué hilo te llevó hasta alguna de las personas bonitas que hoy forman parte de tu vida?
Cuéntamelo. Me encantará leerte.
Un abrazo,
Alicia
ALI y punto · Tejiendo sueños
P. D. Si conoces a alguien que también cree en la importancia de crear vínculos y sentirnos parte de algo, quizá puedas compartir esta carta con ella.
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