top of page

El patrón de la vida que quiero

7 sept
4 min de lectura

Ilustración de una mujer planificando su agenda con muchos colores

Hola,


Para mí, el año empieza dos veces.


La primera, en enero. Esa es obvia. 😏


Con sus uvas, sus propósitos y la confianza en que, a partir del día uno, tendré la vida perfectamente organizada.


La segunda empieza en septiembre.


Pero septiembre no llega con uvas.


Llega con el despertador. 😅


Por eso tiene algo de curso nuevo, de cuaderno en blanco (¡cómo me gustaba estrenarlos en el colegio!) y de "ahora sí voy a organizarme".


Esta semana me he sentado delante de mi agenda y he comenzado a planificar todo lo que queda hasta final de año.


He colocado mis obligaciones, pero también tiempo para mi familia, ALI y punto, mi salud, el descanso y las personas a las que quiero.


He utilizado tantos colores que mi agenda podría confundirse con una manta de grannies. 😅


Al principio pensé que estaba organizando tareas.


Pero me di cuenta de que estaba haciendo algo mucho más importante:


Estaba tomando decisiones sobre la vida que quiero construir.


Porque planificar también consiste en preguntarme si estoy dejando espacio para lo que deseo que forme parte de mi vida.


Una agenda puede estar completamente llena y, aun así, no contener casi nada de la vida que quiero vivir.


Lo sé porque durante mucho tiempo he ido como pollo sin cabeza: correr y correr sin saber en qué dirección voy.


Y descubrirlo puede doler.


Quizá por eso septiembre no resulta ilusionante para todo el mundo.


Sé que se puede sentir verdadera angustia al pensar en volver al trabajo.


Yo he estado ahí.


Sé que se puede regresar cansada, incluso antes de empezar, o sentir que se vuelve a una vida en la que una ya no se reconoce.


No todo malestar significa que deba abandonar el trabajo o cambiar radicalmente de vida antes del próximo lunes.


También existen responsabilidades y facturas que no desaparecen aunque haya descubierto que mi trabajo o la vida que llevo no se parecen a lo que deseo.


Ojalá las compañías eléctricas aceptaran el pago en propósitos vitales, pero todavía no han llegado a ese nivel de evolución. 😅


Sin embargo, tampoco creo que sea bueno ignorar siempre esa incomodidad.


Quizá no sea una orden directa para cambiarlo todo, pero puede ser una señal que merece ser escuchada.


Una invitación a preguntarme si la vida a la que regreso se parece a la que deseo vivir.



Ilustración de una mujer que mira asombrada una bufanda que ha tejido, mientras que su cuaderno muestra un bikini


Con el tejido ocurre algo parecido.


Antes de comenzar una labor, elijo qué quiero crear y busco un patrón.


El patrón no teje por mí ni evita que me equivoque, pero me da una dirección.


Sin esa dirección podría pasar horas tejiendo puntos sin crear la pieza que realmente quería.


¿Imaginas querer hacer un bikini y tejer sin patrón ni rumbo hasta acabar con una bufanda?


Con unos puntos perfectos y unos colores preciosos…


Pero yo quería un bikini para lucir en la playa.


La bufanda no me sirve.


Quizá incluso era el deseo de otra persona que me convenció de que me venía mejor.


Y yo seguía queriendo mi bikini. 😔


Creo que con la vida puede sucedernos lo mismo.


Podemos llenar los días, cumplir horarios y tachar tareas y, aun así, no estar acercándonos a la vida que deseamos.


Por eso esta planificación me está haciendo tanto bien.


Estoy construyendo el patrón de mi vida.


No porque piense que voy a cumplir todo exactamente como aparece en la agenda.


La vida moverá horarios, cambiará prioridades y colocará algún nudo donde yo había previsto una vuelta perfectamente recta.


Pero ahora puedo ver hacia dónde quiero dirigirme.


Puedo comprobar si lo importante tiene un lugar real en mis semanas o solamente vive en la lista de cosas que haré "cuando tenga tiempo".


Porque… spoiler: el tiempo rara vez aparece por casualidad.


Muchas veces tenemos que decidir dónde queremos colocarlo.


Quizá septiembre pueda servirme para detenerme, mirar el patrón y preguntarme qué estoy tejiendo con mis días.


Probablemente hoy no pueda cambiar todo aquello que me hace daño.


Pero puedo investigar otras posibilidades, pedir ayuda, reservar un espacio para un proyecto, poner un límite o reconocer que quiero algo diferente.


No me hace falta transformar toda mi vida en septiembre.


Pero puedo aprovechar este comienzo para dejar de caminar automáticamente en una dirección que no he elegido.


Y abrir, poco a poco, espacio para la vida que realmente quiero construir y vivir.


Quizá hoy puedas preguntarte:


¿La vida que estoy organizando cada semana deja espacio para la vida que realmente quiero vivir?


Y, si la respuesta es no:


¿Qué pequeño espacio podría empezar a abrir para ella?


Si te apetece compartir conmigo tu respuesta, puedes contestar directamente a este correo. Me encantará leerte.


Un abrazo,

Alicia

ALI y punto · Tejiendo sueños


P. D. Si conoces a alguien a quien la llegada de septiembre le está resultando especialmente difícil, quizá puedas compartir esta carta con ella.


Y, si quieres recibir cada domingo estos pequeños encuentros entre la vida y el tejido, puedes apuntarte en el botón que encontrarás justo debajo.



 
 
 

Comentarios


bottom of page