Deshacer también es avanzar

Hola,
Hace un par de años iba a pasar un fin de semana a Valdemorillo para aprender sobre eneagrama.
Era uno de esos encuentros preciosos que organiza Ana Mari y que te ayudan a avanzar en la vida. Pero eso ya te lo contaré en otro momento.
El caso es que de mi casa a Valdemorillo hay unos 45 minutos, minuto arriba, minuto abajo.
Recogí a unas compañeras para ir juntas y emprendimos el camino muy contentas.
Unos diez minutos después, me salté el desvío que debía tomar en la carretera.
No nos dimos cuenta enseguida, como a los 5 minutos. Pero, cuando lo hicimos, estaba claro:
Nos habíamos equivocado.
Podía haber dado la vuelta y deshacer una parte del camino.
Era lo sensato.
Pero me daba rabia.
No quería “perder” lo que ya habíamos recorrido. No quería retroceder porque sentía que ya había avanzado en el camino.
Así que continué.
Pensé:
“Por aquí también llegaremos… imagino”.
Ese “imagino” quizá debería haberme dado alguna pista. 😅
El caso es que continuamos por carreteras desconocidas e hicimos un recorrido turístico (no solicitado) por glorietas, gasolineras y bares de carretera que, a aquellas alturas, ya nos parecían candidatos a la Guía Michelin.
Casi dos horas después llegamos a Valdemorillo.
Estábamos deseando cenar y bastante cansadas por la tensión del viaje.
Si hubiera dado la vuelta en cuanto descubrimos el error, quizá habríamos tardado 55 minutos en lugar de 45.
Pero habríamos llegado mucho antes de lo que lo hicimos.
Y, pensándolo bien, esto no me ocurre únicamente al volante.
A veces empiezo algo convencida de que es el camino adecuado.
Tomo una decisión.
Organizo un plan.
Mantengo un hábito.
O me empeño en hacer las cosas de una determinada manera.
Hasta que algo me hace ver que necesito revisarlo.
Pero cambiar de dirección cuesta.
Pienso en el tiempo que ya he dedicado.
En el esfuerzo.
En todo lo que he recorrido.
Y una parte de mí insiste:
“Ahora no vas a volver atrás”.
Como si continuar por el camino equivocado pudiera justificar todo lo anterior.
Como si haber perdido unos días, meses o años fuera justificación suficiente para seguir perdiendo ni se sabe cuánto tiempo más.

Con el tejido me ocurre algo muy parecido.
Estoy tejiendo tranquilamente cuando, de pronto, descubro un error varias vueltas más abajo.
Primero lo miro.
Después lo vuelvo a mirar.
Incluso cambio un poco la labor de posición, por si desde otro ángulo parece menos error.
Y durante unos segundos mantengo la esperanza de que desaparezca solo si hago como que no lo he visto.
Aviso: no suele funcionar. 🧶
Entonces tengo que decidir: dejarlo o deshacer.
No todos los pequeños errores necesitan corregirse. Algunos apenas se ven y forman parte de una labor hecha a mano.
Pero hay otros que afectan al resultado.
Y sé que, si continúo, seguiré avanzando sobre algo que no está bien.
Así que tiro suavemente del hilo.
Una vuelta.
Después otra.
Y veo desaparecer en pocos minutos lo que tardé bastante más tiempo en tejer.
No voy a negar que da rabia.
Mucha.
Pero, cuando regreso al punto en el que me equivoqué, no estoy realmente en el mismo lugar que antes.
Ahora sé qué ocurrió.
Sé dónde debo prestar atención.
Y sé cómo quiero continuar.
Regreso con algo aprendido.
Por eso, creo que deshacer no siempre significa retroceder.
A veces significa reconocer que algo necesita cambiar.
Soltar una parte del camino para poder continuar en una dirección mejor.
También en la vida.
Revisar una decisión no borra lo que aprendí al tomarla.
Cambiar un plan no convierte en inútil todo el trabajo anterior.
Y volver atrás no siempre significa empezar desde cero.
Me llevo conmigo la experiencia.
Los errores.
Lo que ahora sé y antes no sabía.
Quizá hoy puedas preguntarte:
¿Hay algo que mantengo solamente porque ya he invertido demasiado tiempo en ello?
No siempre será necesario deshacerlo todo.
A veces bastará con corregir un punto.
Cambiar una pequeña decisión.
O dar la vuelta en la próxima rotonda.
Porque hay ocasiones en las que avanzar consiste, precisamente, en regresar hasta el lugar donde dejamos de ir en la dirección correcta.
Si te apetece compartir tu respuesta, hazlo en comentarios. Me encantará leerte.
Un abrazo,
Alicia
ALI y punto · Tejiendo sueños
P. D. Si estas palabras te han recordado a alguien que necesita cambiar de dirección sin sentir que ha fracasado, puedes compartir esta carta con esa persona. Y, si también quiere recibir cada domingo estos pequeños encuentros entre la vida y el tejido, puede apuntarse en el botón que encontrarás justo debajo.

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