Decir "Sí, gracias"

Hola,
Esta semana he intentado recordar la última vez que me dejé ayudar.
He estado un buen rato pensando.
Y me ha costado muchísimo encontrarla. 😅
No será porque no necesite la ayuda.
Ni porque no me la ofrezcan.
Hay días en los que estoy cansada, frustrada y con la sensación de no llegar ni a la mitad de lo que quería hacer.
Pero, cuando alguien se ofrece a echarme una mano, casi siempre aparece en mi mente una de estas frases:
“Es mi responsabilidad”.
“No quiero molestar”.
O la más graciosa:
“Tardo menos si lo hago yo”. 😅
Detrás de todas ellas se esconde el mismo miedo: pensar que, si no puedo hacerlo todo sola, quizá no sea suficiente.
Creo que durante mucho tiempo he confundido ser responsable con encargarme yo sola de todo.
Mis hijos me dicen muchas veces que quieren ayudarme.
Y yo encuentro mil razones para no aceptar:
Que bastante tienen con estudiar.
Que necesitan descansar.
Que ya lo hago yo en un momentito.
Lo hago desde el amor, porque quiero cuidarles y facilitarles la vida.
Pero quizá cuidarles también sea permitirles cuidar de su casa, de los demás y, de vez en cuando, de mí.
El problema es que, por ocuparme de todo, no me convierto en una madre extraordinaria que llega perfectamente a todas partes.
Termino agotada y frustrada porque no he podido hacer ni la mitad de lo que había planeado.
Es curioso.
Intento hacerlo todo para demostrarme que soy suficiente y termino sintiendo que no lo soy porque no he llegado a todo.
Menudo negocio. 😅
Además, cuando rechazo la ayuda, quizá también impido que las personas que me quieren me demuestren su cariño.
A mí me gusta cuidar de los demás.
Entonces, ¿por qué me cuesta creer que otras personas pueden sentir lo mismo cuando me ayudan a mí?

Y con el tejido me pasa exactamente lo mismo.
Y aquí aparece, por fin, ese recuerdo que al principio no encontraba.
Cuando hago bolsos de ganchillo, me gusta forrarlos con tela para que los objetos pequeños no se escapen entre los puntos.
Pero yo no sé coser tela.
Quiero aprender, aunque, cuando necesité terminar uno de esos bolsos para un encargo, todavía no sabía hacerlo.
Así que se lo pedí a una amiga.
Me costó muchísimo, pero me ayudó de mil amores y, gracias a sus manos, pude terminarlo.
El bolso no dejó de ser una creación mía porque otra persona cosiera el forro.
Ni yo fui menos capaz.
Mi amiga sabía hacer algo que yo necesitaba y acepté su ayuda.
Por supuesto, eso no la convierte en la costurera oficial y gratuita de todos mis bolsos. 😅
Yo sigo queriendo aprender.
Pero recibir ayuda puntualmente no es trasladarle a otra persona lo que me corresponde.
Es aceptar que, en ese momento, necesito otras manos.
Y quizá a ella también le hizo ilusión ayudarme, como me sucede a mí cuando puedo hacer algo por alguien a quien quiero.
Dejarme ayudar no significa que no sea capaz.
Significa que no tengo que poder con todo sola, cual superwoman de las pelis.
También significa permitir que alguien me cuide.
Voy a empezar por reconocer cuándo necesito ayuda y pedirla antes de estar completamente desbordada.
Y, cuando alguien me la ofrezca, intentaré no responder automáticamente:
“No te preocupes, ya lo hago yo”.
Respiraré.
Y probaré a decir:
“Sí, gracias”.
Quizá ese sea un buen comienzo.
Y tú, ¿en qué necesitas ayuda y todavía no te has atrevido a pedirla o aceptarla?
Cuéntamelo. Me encantará leerte
Un abrazo,
Alicia
ALI y punto · Tejiendo sueños
P. D. Si conoces a alguien a quien también le cuesta dejarse ayudar, quizá puedas compartir esta carta con ella.
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