Cuando comparar nos hace dudar

Hola,
El otro día abrí Instagram "solo cinco minutos".
Ya sabemos que los cinco minutos de Instagram se parecen bastante a los "cinco minutos más" en la cama: funcionan con una medida del tiempo distinta a la del resto del mundo. 😅
Mientras miraba, parecía que todo el mundo estaba aprovechando el día mucho mejor que yo.
Una persona había hecho deporte a primera hora y lucía un cuerpo espectacular.
Otra enseñaba una casa perfectamente ordenada, con unos cojines tan bien colocados que daban la impresión de no haber conocido nunca una espalda.
Alguien compartía un proyecto precioso que acababa de terminar.
Y otra persona parecía estar disfrutando de unas vacaciones maravillosas, con el pelo estupendo y sin una sola bolsa de supermercado que guardar.
Yo, mientras tanto, tenía el café frío (a punto de convertirse en café helado sin haberlo decidido), mil cosas pendientes y la sensación de no haber hecho suficiente.
Sin darme cuenta, empecé a compararme.
No pensé en cuánto tiempo llevaría entrenando aquella persona ni en el esfuerzo que habría detrás.
Tampoco pensé en las horas que otra habría dedicado a ordenar y limpiar su casa.
Ni en cuánto tiempo llevaría trabajando aquella otra persona en su proyecto.
Ni en las veces que lo habría intentado antes de conseguirlo.
Tampoco sabía qué había fuera del encuadre de esas fotografías.
Porque Instagram enseña muy bien el resultado, pero suele dejar las tomas falsas cuidadosamente escondidas.
Solo veía lo bonito.
Y lo comparaba con todo lo que yo aún tenía a medias o ni siquiera había comenzado.
A veces hago eso.
Comparo el escaparate de otra persona con mi trastienda.
Su momento bonito con uno de mis días regulares o malos.
Su resultado terminado con mi proceso, todavía lleno de dudas, pruebas y algún pequeño desastre que preferiría no fotografiar.
Y, claro, en esa comparación casi siempre salgo perdiendo.

Con el tejido ocurre exactamente lo mismo.
Veo una labor preciosa y pienso:
"Qué puntos tan bonitos".
"Qué rápido teje".
"Qué ideas de diseño tan maravillosas".
Después miro mi labor y siento que mis puntos son sencillos, que avanzo más despacio o que mis ideas son más simples.
Y, si la observo durante demasiado tiempo, siempre encuentro algún punto que parece haberse levantado con ganas de destacar.
Pero no conozco toda la historia que hay detrás de esa pieza.
No sé cuánto tiempo lleva tejiendo esa persona.
Cuántas veces ha repetido ese mismo punto.
Cuántas vueltas tuvo que deshacer.
Ni cuántas muestras hizo antes de enseñar la definitiva.
Quizá, antes de aquella fotografía perfecta, hubo diecisiete intentos y un ovillo que estuvo a punto de salir volando por la ventana. 🧶
Incluso cuando varias personas seguimos el mismo patrón, las labores no siempre quedan idénticas.
Cada una tiene su tensión.
Su ritmo.
Su forma de sujetar el ganchillo.
Incluso su manera de interpretar una explicación.
Y eso no significa que unas manos lo hagan bien y otras mal.
Significa que no somos máquinas.
Por suerte.
Porque una pieza hecha a mano no es una fotocopia.
Lleva algo de la persona que la ha creado.
Compararme puede ayudarme si observo el trabajo de otra persona para aprender, inspirarme o descubrir nuevas posibilidades.
El problema aparece cuando convierto esa comparación en una sentencia contra mí.
Cuando pienso que voy tarde porque alguien ha llegado más lejos.
Que mi ritmo no es suficiente porque otra persona teje más rápido.
O que mi labor vale menos porque no se parece a la suya.
Pero yo no conozco todo su camino.
Y ella tampoco conoce el mío.
Cada persona está tejiendo desde un punto diferente de su historia.
Con su experiencia.
Con sus circunstancias.
Con el tiempo y la energía que tiene disponibles.
Porque el proceso de una vida humana tampoco es el de un robot.
No partimos del mismo lugar ni avanzamos en las mismas condiciones.
Por eso, cuando vuelva a mirar el trabajo de otra persona, quiero hacerlo con admiración, pero sin utilizarlo para empequeñecer el mío.
Seguro que su labor es preciosa.
Pero la mía también.
Aunque sean diferentes.
Aunque una avance más rápido.
Aunque todavía me queden muchos puntos por aprender.
Quizá hoy puedas preguntarte:
¿Estoy utilizando lo que otra persona consigue para inspirarme o para machacarme por no estar en el mismo lugar?
Si te apetece compartir tu respuesta, hazlo un poquito más abajo. En comentarios. Me encantará leerte.
Un abrazo,
Alicia
ALI y punto · Tejiendo sueños
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